viernes, 29 de febrero de 2008

Prólogo (Pág. 16)

observaban los insectos voladores que amenazaban con meterse en sus ojos y en su boca.

La reina Cáriala había elegido ir en otro barco que no fuera el de su marido para poder dar ánimos y cuidar de su gente, la familia real tenía que abarcar más barcos, pero tenía miedo de dejar a sus hijos solos, así que los embarcó con ella. En total la flota se comprendía de una decena de barcos y en los demás había gente de su entera confianza para no tener que hacer el sacrificio de separarse de sus hijos, aunque por desgracia no estaban todos lo que hubiera deseado.

Un grito aterrador se oyó en la superficie, todos se miraron entre ellos, pero nadie se atrevió a moverse, tal era el miedo que invadía su cuerpo. Sólo Aielas reaccionó, tiró el odre al suelo embarrado y comenzó a subir los escalones de tres en tres, abrió la escotilla y salió disparado hacia… ningún lado porque no se veía nada, todo estaba completamente a oscuras, parecía como si la mismísima nada se hubiera hecho con el barco e incluso se hubiera tragado el cielo y la tormenta que los acompañaba.

Otro grito se oyó cerca de lo creía debía de estar el timón y tanteando a oscuras se apresuró raudo hacia allá. De repente tropezó con algo tirado en el suelo y cayó de bruces, estiró la mano para ver que era y el corazón le dio un vuelco, parecía una mano que le agarraba suplicante, Aielas tanteó el resto del cuerpo y llegó hasta la cara.

-Nos atacan, joven príncipe -susurró débilmente la voz.

La mano dejó de apretar la suya y cayó inerte al suelo, desde luego poco podía hacer ya por su compatriota. Al levantar la cabeza Aielas pareció atisbar un ligero brillo hacia proa, cerró un instante los ojos y los volvió a abrir, el brillo ya no estaba y supo que no había tal luz, eran las lágrimas que corrían ya por su mejilla. Se levantó como pudo y se agarró a la barandilla, había oído algo cercano,

1 comentario:

Plyngo and me dijo...

Majo, mira en tu correo la nueva portada que te he hecho, como no la pongas...