lunes, 18 de febrero de 2008

Prólogo (Pág. 12)

Lalos, preocupación de éste hacia su padre. Y el total desconcierto ante la situación en que se encontraban, también percibió la urgencia que sentía Lalos, no quedaba mucho tiempo.

De repente una fuerza terrible hurgó en la comunicación de ambos, un dolor insoportable comenzó a adueñarse de sus mentes, un dolor que aumentaba y se acercaba peligrosamente a su conciencia y que pretendía poseerlos, al unísono ambos cerraron su mente y notaron un golpe tremendo en esa barrera que crearon.

Valdorán observó cómo Lalos daba ciertos espasmos y pensó que algo había intervenido en el contacto con Aielas, así que sujetó a su amigo por la cintura esperando que éste se derrumbara, como así fue.

Lalos abrió los ojos despacio, le costaba respirar, su pulso vital era acelerado. Miró a Valdorán y Garón con preocupación y abrió la boca para decir algo.

-He contactado con él, pero una fuerza poderosa ha aprovechado para colarse en nuestras mentes, la hemos cerrado el paso con rapidez -decía entre susurros-, su ira era terrible, parecía como si nos quisiera devorar y arrancar las almas de nuestros cuerpos…

-Tranquilo muchacho -dijo Garón-. Relájate, respira profundamente, has hecho un gran esfuerzo y tu cuerpo no lo ha soportado lo suficientemente bien. Cuéntanos lo que has percibido de Aielas, qué tal están.

-No tiene buena salud, se siente muy débil, pero no me ha dado tiempo a percibir todos sus pensamientos, aunque creo que a él sí le ha dado tiempo a percibir los míos, me he dado toda la prisa que mis fuerzas me permitían hasta que ese perverso ser nos ha atacado.

-Las sensaciones no son buenas, no mejoramos nuestra situación así, solo la empeoramos -intervino Valdorán con resignación.